MAZAZO DE LA EPA

Artículo publicado por José Alberto León Alonso en Diario de Avisos el 04/05/14.

Pese a los rumores de que en el primer trimestre de 2014, un periodo estacionalmente negativo para el mercado de trabajo, se verían en España por primera vez desde el inicio de la crisis tasas interanuales positivas de creación de empleo, la Encuesta de Población activa (EPA) publicada el pasado 29 de abril muestra que se sigue destruyendo empleo en nuestro país. Se trata de un verdadero jarro de agua fría ante las optimistas expectativas generadas por la positiva evolución de la afiliación a la Seguridad Social durante el primer trimestre del año, que nos llevaba a esperar un resultado mejor.

Así, el número de ocupados en España se redujo en el primer trimestre de 2014 en 79.600 personas respecto al mismo trimestre del año anterior (-0,47%). Tanto la ocupación en la industria (-79.900 personas), como en la construcción (-123.100) experimentaron caídas interanuales, mientras que los servicios (30.800 empleos más) y el sector agrícola (92.600) crearon empleo durante el último año. Que el comportamiento más positivo durante el último año lo haya experimentado el sector primario no constituye un elemento positivo, pues está más influenciado por aspectos coyunturales sobre los que no tenemos control, como la meteorología favorable,  que por factores sostenibles en el tiempo. Es cierto que el descenso de ocupados es el menor en un primer trimestre desde 2008, y que el primer trimestre de cada año suele ser desfavorable en términos de creación de empleo y que este hecho explica gran parte de esta evolución negativa. Pero los pocos datos positivos de la EPA muestran la fragilidad de la incipiente recuperación económica, e incluso descontando el factor estacional se estima que todos los sectores productivos no agrarios habrían destruido empleo. Así que nada de paños calientes: se trata de una EPA decepcionante.

Por su parte, el desempleo cae en el primer trimestre en tasa interanual por primera vez en 9 años en este periodo. Se trata de una ligera caída del 0,04%. Un descenso muy leve e impulsado por el efecto desánimo, pues el número de parados desciende no porque hayan encontrado un empleo, sino porque muchas personas han dejado de buscar empleo o simplemente se han marchado del país. Así, la caída de los activos en el último año (424.500 activos menos) coincide básicamente con la reducción de 404.619 personas experimentada por la población residente en España durante el año 2013, según la estadística del padrón continuo.

Con todo, el cambio de ciclo económico (si por ello entendemos que la economía deja de caer) sí que se ha producido y cabe esperar que la destrucción interanual de empleo finalice en España a lo largo de 2014, posiblemente tan pronto como en el segundo trimestre, aunque los malos resultados mostrados por la EPA del primer trimestre nos alertan de que la senda de la recuperación no estará exenta de tropiezos. Si el proceso de destrucción de empleo se extiende ya durante seis años, mucho me temo que igual que la recuperación será al menos igual de lenta y complicada.

La economía española afronta graves obstáculos para un crecimiento sostenible: 1) Un envejecimiento galopante de la población que pondrá en serias dificultades a nuestro sistema de pensiones, que deberá reformarse una vez más tras las próximas elecciones pese a acumular ya tres recortes desde 2011. 2) Un enorme gasto público superfluo e innecesario que entorpece la actividad económica con hasta cinco inútiles administraciones públicas superpuestas, y una EPA todavía más preocupante pues el sector público vuelve a generar empleo por primera vez desde que el PP alcanzó la Moncloa. Por mucho burócrata de brazos cruzados que tengamos, se acabó el ajuste del empleo público, que se acercan las elecciones. 3) Y una escasa cualificación de nuestra población activa, debida a una elevada y persistente tasa de abandono escolar, y una muy deficiente formación para el empleo. Con estos ingredientes será muy difícil lograr un crecimiento firme y sostenible de nuestra economía y empleo. Sirva un dato del último aspecto como ejemplo: nada menos que cuatro millones de personas en edad de trabajar con menos de 65 años (el 45%) abandonaron sus estudios en España antes de finalizar la educación secundaria o similar. Si la Unión Europea estima que solo el 15% de los futuros empleos estarán destinados a personas sin estudios secundarios, esto significa que alrededor de 2,6 millones de españoles que carecen de estos estudios están destinados a no encontrarlo nunca o a repartirse los escasos empleos sin formación por temporadas o a tiempo parcial. Y lo peor es que se trata de un problema destinado a perdurar pues, pese al continuo soniquete que emplean nuestros políticos sobre que la actual es la “generación más preparada de nuestra historia”, en realidad es todo lo contrario: las nuevas generaciones son las peor preparadas de los últimos 20 años. Así, el 36% de la población entre 20 y 24 años abandonó la educación secundaria sin finalizarla, el mismo porcentaje que entre la población de 25 y 29 años, y superior al 32% de la población que lo hizo entre los 30 y los 34 años, y al 31% de la población que abandonó sus estudios sin titular en secundaria entre 35 y 39 años etc. Tenemos que remontarnos a la población entre 40 y 44 años para alcanzar un porcentaje similar (38%) de abandono escolar temprano.

Más valdría que nuestras autoridades educativas se olvidasen de sus guerras particulares y de cursos formativos inútiles, y se molestasen en establecer fórmulas de reingreso en el sistema educativo para quienes lo abandonaron antes de tiempo. ¿Por qué no una Formación Profesional para adultos? Igual que existe una educación secundaria específica para personas adultas sin prueba de acceso (siempre que tengan estudios primarios), debería introducirse una formación profesional para adultos eliminando la actual prueba de acceso que constituye un obstáculo casi insalvable para quienes nunca fueron alumnos brillantes y abandonaron el sistema educativo y el hábito de estudio hace tiempo. Lo que no puede hacerse es resignarse a que millones de personas se vean incapaces de mantenerse por sus propios medios durante toda su vida por falta de cualificación.