VUELVEN LOS ÑUS

Artículo publicado por José Alberto León Alonso en Diario de Avisos el 13/01/13.

Pese a los años que uno lleva como analista económico, reconozco que no me deja de sorprender el comportamiento de rebaño de los mercados financieros. Como una manada de ñus, cuando algún grupo de inversores “avezados” se encamina hacia nuevos pastos más allá del río, uno tras otro el resto de congéneres se lanzan tras ellos sin ni siquiera haberlos divisado.

Hasta hace poco los inversores extranjeros huían de España como de la peste, acumulando una salida neta de capitales no residentes de más de 210.000 millones de euros en los 9 primeros meses del 2012 y más de 310.000 millones de euros desde julio de 2011. Pero ahora las casas de inversión internacionales dicen que las cotizaciones de las empresas españolas “presentan la oportunidad del siglo” y  la compra de bonos españoles “es una de las grandes apuestas del año”. Como los ñus, el pasado año los capitales extranjeros huyeron en masa de España en busca de pastos si no tan verdes al menos más tranquilos y seguros, y por el camino a punto estuvieron de llevarnos a la quiebra por falta de financiación para nuestra deuda. Y ahora vuelvan a nuestros pastizales que súbitamente parecen tan apetecibles y suculentos. En realidad la ciencia económica ya estudió este efecto que se denomina “efecto rebaño” o “efecto manada”, un fenómeno psicológico en el que la mayoría de las personas hace algo principalmente debido a que otras personas lo están haciendo, independientemente de sus propias creencias, que pueden ignorar o anular si es preciso. Este efecto tiene amplias implicaciones en el comportamiento del consumidor y se suele producir en los mercados alcistas y en el momento álgido de las burbujas de activos, contagiando a las personas para alinear sus creencias y comportamientos con los de un grupo, en lo que popularmente se conoce como “mentalidad de rebaño”.

Cuando nos encontramos en situaciones de falta de información, o nos sentimos incapacitados para analizar la situación o la información disponible, en lugar de realizar un aprendizaje activo aprendiendo de nuestros aciertos y errores, puede resultar una buena estrategia hacer uso del aprendizaje por imitación. En términos de la Teoría de Juegos este comportamiento responde al “juego de la seguridad”. Si un organismo o gurú realiza una predicción sobre el comportamiento de un país, y varios participantes del mercado consideran que su juicio es el adecuado porque probablemente cuentan con mejor información, acaban por imitar sus acciones. Hay miedo a ser descalificado si tus pareceres difieren de los de la mayoría. Perder o no ganar por no haber “seguido a la manada” te puede costar el puesto de trabajo, así que decir lo contrario (y equivocarse) resulta arriesgado, de modo que los analistas acaban por decir más o menos lo mismo que lo que dice la mayoría, con ligeras diferencias de grado. Si se sigue a la manada el costo de equivocarse no es muy alto, ya que en el peor de los casos si todos se equivocan el costo se diluye.

Lo irónico del caso es que una gran parte del análisis económico se basa en el supuesto de que los individuos toman sus decisiones y forman sus expectativas racionalmente, pero la “mentalidad de rebaño” no es racional, sino imitativa. ¿Qué racionalidad se esconde tras el hecho de que algunos inversores paguen a Alemania para prestarle dinero? Ninguna. Es puro pánico. ¿Y qué efectos tienen las políticas económicas habituales en situaciones de pánico financiero generalizado? Pues…muy bien no se sabe. Afortunadamente una crisis financiera como la actual “sólo” sucede una vez en cada siglo (la última fue la Gran Depresión de los años 30), y ninguna es exactamente igual a la otra, lo que no permite aprender mucho de la experiencia. De ahí también que, dado que las políticas convencionales no parecen funcionar, en la actual crisis los bancos centrales hayan puesto en marcha multitud de medidas no convencionales para calmar el pánico como son la flexibilización cuantitativa, las subastas de liquidez multimillonarias y la compra de bonos en el mercado secundario. Se trata de políticas cuyos efectos futuros, precisamente por novedosas, son una incógnita (y algunos aventuran que catastróficos), pero que al menos por ahora parecen haber sofocado los miedos irracionales que movían a los mercados.

Lo cierto es que la mentalidad de rebaño parece bien arraigada en nosotros, tanto a la hora de tomar decisiones cotidianas sin gran trascendencia como en el momento de realizar la mayor inversión de nuestras vidas. No se trata sólo de vestir “a la moda” o “necesitar” a toda costa el último cachivache tecnológico sin el que hasta ahora éramos perfectamente capaces de subsistir, sino de adquirir viviendas a precios disparatados aunque nos hipoteque hasta la tumba porque “todo el mundo lo hace” y los precios no dejan de subir. El hecho de que los precios de los activos en España alcanzaran en 2006 valores históricos, el déficit por cuenta corriente fuera del 11%, el crédito creciera al 25% anual y la construcción pesara el 12% del PIB, y aun así nuestro país atrajera flujos de inversiones récord demuestra que en ocasiones “los inversores operan en manada” y “por modas”, en lugar de por motivos racionales.

Pero en fin… Lo cierto es que el sentimiento de los inversores hacia España ha girado radicalmente en los últimos días como prueba la elevadísima demanda por parte de extranjeros que han tenido las emisiones realizadas por empresas españolas en enero, comprando entre un 70% y un 90% de los bonos corporativos ofertados. El propio Tesoro ha comenzado el año con éxito en sus emisiones, colocando 5.800 millones en bonos incluso por encima del objetivo y a mejores precios. ¿Qué está ocurriendo? Pues que hace unos 10 meses todos los gestores se veían presionados a proclamar en público que no estaban en España y ahora, de repente, nadie puede presumir de no estar en nuestro país. Después de un año 2012 de duros ajustes, muchos son los inversores que se plantean que el castigo ha sido excesivo, que España está barata y que si no están pueden perderse algo bueno.

En mi opinión hay fundamentos de fondo para la mejoría en la percepción. La deuda privada sobre el PIB en España se ha reducido en 16 puntos porcentuales desde 2009. La reforma del sistema financiero está finalizada. Nuestra balanza por cuenta corriente se acerca al equilibrio y la balanza comercial es positiva, lo que refleja la competitividad ganada, igual que la decidida apuesta de las empresas de automoción por nuestro país, cerrando plantas en Bélgica, Alemania y Francia mientras incrementan la capacidad de las españolas. El enfermo parece responder al tratamiento de choque. Eso sí, esta mejoría en las expectativas no afecta aún a la economía real y debemos seguir haciendo nuestro trabajo. Nuestras dolencias son muy graves y las reformas seguirán siendo tan necesarias como dolorosas. Queda aún mucho por hacer, pero estamos en el buen camino. Y que vuelva la manada de inversores nos concede al menos un respiro. Bienvenidos sean los ñus.