PETRÓLEO EN CANARIAS: ¿OPORTUNIDAD O AMENAZA?

Artículo publicado por José Alberto León Alonso en Diario de Avisos el 10/03/13.

Desde que el Gobierno español decidió revitalizar los permisos de exploración en busca de petróleo que la compañía Repsol tenía en Canarias, el proceso no ha estado exento de controversia. En Corporación 5 ya concluíamos hace un año que había que valorar las oportunidades que el petróleo podía brindar a nuestro archipiélago.

Transcurrido ese tiempo ha sido posible recabar más información para repasar las principales causas de controversia:

1) Se argumenta que las potenciales plataformas petrolíferas estarían tan cerca de la costa que los turistas no querrían venir ni bañarse en nuestras playas por su impacto visual. Es falso. Las zonas de prospección se encuentran a 61 kilómetros al este de las costas de Fuerteventura y Lanzarote. Por trigonometría, la mayor plataforma del mundo (120 m de altura) no se vería más allá de los 35 km.

2) Se publican noticias de miles de vertidos al año en la prospección y explotación petrolífera, pero parece existir más interés en alarmar que en informar. Se contabiliza como vertido cualquier derrame accidental al mar de al menos un barril de petróleo, que pesa entre 110 y 150 kg, lo que vendría a ser el contenido del depósito de gasolina de dos automóviles. Un vertido así a 60 km de nuestra costa no tiene ningún efecto sobre nuestras playas ni sobre el medio marino. Un vertido se considera serio (un incidente) cuando supera las 700 toneladas (70.000 kg), una dimensión que podría ocasionar algún efecto local sobre el medio ambiente. En perspectiva, un incidente es un vertido que corresponde al 1% del generado por el “Prestige”, que fue un desastre y vertió 70.000 toneladas en las costas de Galicia. La probabilidad actual de un incidente es del 0,25% por plataforma petrolífera. Con este porcentaje, la probabilidad de que no se produzca ni un solo incidente en los 25-30 años de explotación previstos para los potenciales yacimientos en Canarias es del 95%.

3) Otra afirmación falsa es que los accidentes en la prospección y explotación por plataformas petrolíferas son la mayor causa de derrames de  petróleo. De los 33 mayores desastres sufridos en los últimos treinta años, solo uno fue causado por una plataforma petrolífera en 2010 en el Golfo de México. De hecho, según el Consejo Nacional de Investigación de los Estados Unidos, solo el 3% de las toneladas de crudo vertido al mar se origina en las actividades de exploración y producción de petróleo y gas.

4) Se afirma igualmente que cualquier vertido en la zona de explotación petrolífera alcanzaría las costas canarias. Para ello, primero el vertido tendría que tener cierta consideración (ser un incidente), y, segundo, las corrientes y vientos marinos tendrían que llevar el crudo derramado hacia nuestra costa. Teóricamente, cuanto más al sur estén las prospecciones menos probabilidades existen de que el crudo de un incidente llegue a las costas de las Islas. Según un estudio realizado por ECOS, dados los vientos y corrientes dominantes en el 53% de los casos un vertido no llegaría nunca a la costa, aunque habría un 15% de posibilidades de que el petróleo tocase tierra en pocos días. Sobre todo esto creo que hay mucho que investigar todavía, pero la explotación petrolera que Marruecos podría realizar más al norte parecen más peligrosas para Canarias que las españolas, pues en caso de un incidente cuanto más al norte de las Islas se produjera, peores consecuencias podría tener.

5) De hecho, el mayor peligro de contaminación por crudo para Canarias procede del transporte marítimo. No solo 28 de los 33 mayores vertidos de crudo de los últimos treinta años los ocasionaron las colisiones o hundimientos de buques petroleros, sino que el 38% del crudo vertido al mar procede de los pequeños derrames de los buques no petroleros en la limpieza de sus sentinas o en accidentes. Y el tránsito de buques por aguas internacionales como las que rodean Canarias no puede limitarse según las convenciones marítimas internacionales.

En suma, creo que las posibles consecuencias medioambientales de la explotación petrolífera en Canarias son asumibles por la riqueza que representa el petróleo. Los pequeños vertidos que se pudieran producir no afectarían a la costa, el riesgo de incidentes graves es muy reducido, y aun así no siempre el crudo alcanzaría nuestra costa. De hecho nuestro mayor riesgo de vertido lo causa el tráfico marítimo. Y lo peor es que incluso renunciando a nuestra riqueza petrolífera, Marruecos no lo hará y el riesgo será incluso mayor, al estar sus yacimientos situados más al norte y sus condiciones de seguridad previsiblemente menos exigentes. A cambio no obtendríamos beneficio ninguno.

Creo que lo adecuado sería exigir, por un lado, las mayores medidas medioambientales y de seguridad en la explotación petrolífera y, por otro lado, que una parte de la riqueza generada por el petróleo revirtiera en Canarias, ya que tendríamos que convivir con los inevitables riesgos que su explotación ocasionaría. Las empresas dedicadas a la explotación petrolera en España tributan a un tipo incrementado del 35% por el Impuesto de Sociedades, que recaudaría el Estado, pero éste se ha mostrado ya dispuesto a crear una figura tributaria específica para grandes yacimientos que revertiría en las CC.AA. donde radicasen. De hecho, prácticamente todos los países donde la explotación petrolera tiene cierta importancia poseen impuestos especiales sobre la producción de petróleo con tipos incrementados entre un 20% y un 50%, ya que se trata de una actividad extremadamente lucrativa.

Hagamos por un momento las cuentas de la lechera. Si hubiera petróleo comercializable en aguas canarias, Repsol estima que podría crear 5.000 empleos y llegar a producir alrededor de 38 millones de barriles cada año. Según mis cálculos, esa producción a precios de mercado generaría unos ingresos de unos 3.250 millones de euros al año. Dado que los costes medios de explotación en aguas profundas como las canarias oscilan entre los 35-65 $/barril, los costes ascenderían a unos 1.500 millones de euros al año, y los previsibles beneficios a 1.750 millones de euros anuales. Si se creara un impuesto especial que revirtiera en Canarias con un tipo del 35% sobre los beneficios, obtendríamos algo más de 610 millones de euros de ingresos petroleros al año, además de los ingresos adicionales por la actividad y el empleo generado en las islas. Esto equivaldría al 175% de las inversiones en infraestructuras del Presupuesto de 2013, al 240% del gasto en política social o al 115% del gasto en educación primaria. Si Noruega pasó de ser uno de los países más pobres de Europa a uno de los más desarrollados y exquisitos en el cuidado medioambiental gracias al desarrollo petrolero, en lugar de oponernos frontalmente al petróleo yo me centraría en asegurar para Canarias un retorno y uso adecuado (al estilo noruego) de la potencial riqueza petrolera que pudiera existir en nuestras aguas. Es una verdadera oportunidad para nuestro desarrollo.