REFORMA A MEDIAS DE LA EDUCACIÓN

Artículo de José Alberto León Alonso, publicado el 8/12/13 en Diario de Avisos.

La Estrategia de Lisboa indica que el capital humano es un recurso productivo que no sólo contribuye al crecimiento económico, sino que es, además, uno de los pilares básicos para conseguir la igualdad de oportunidades en nuestra sociedad. De ahí la importancia de un buen sistema educativo. El modelo pedagógico de la LOGSE es un modelo que ha sido rectificado en todos los países occidentales donde se implantó menos en España. Para los “talibanes” de la pedagogía postmoderna, el conocimiento carece de importancia, solo importa “aprender a aprender”.

Frente a esa opinión el Gobierno ha sacado adelante una nueva ley de educación: la LOMCE. La oposición ha sido mayoritaria, al menos por la cantidad de manifestaciones que hemos podido presenciar en el último año. Lo curioso es que, como dice el profesor Martínez Lázaro del IE Business School, nunca hayamos visto una manifestación de condena por los malos resultados de nuestros alumnos en las pruebas PISA, ni por tener los mayores índices de fracaso escolar de Europa, ni por una enseñanza universitaria y una formación profesional inadecuadas para las necesidades del mercado laboral.

El análisis de la nueva ley se ha centrado en nuestros demonios recurrentes: la enseñanza de la religión, la primacía o no de la enseñanza pública sobre la privada, y la enseñanza en castellano en las comunidades con lengua propia. Debates estériles e ideológicos sin relevancia educativa. ¿Alguien piensa que el nivel educativo cambiará si la religión computa o no para la nota académica? ¿Se reducirá el fracaso escolar? En mi análisis no entraré en ninguno de esos temas. Tengo mi opinión, pero también asumo que se podría cambiar de criterio sobre ellos cada año sin que el nivel educativo de nuestros jóvenes mejorara o empeorara un ápice. Me centraré en lo que importa: ¿mejorará esta ley la calidad educativa de nuestro país? Vayamos por partes.

El primer grupo de medidas de la LOMCE tiene que ver con el abandono temprano, y su medida estrella es la anticipación de la elección de itinerarios en la ESO. Establece dos vías para 4º de la ESO, una orientada al Bachillerato y otra a la FP, lo que concede a ese curso un carácter preparatorio. Es una buena idea, pero hubiera sido más lógico que en su lugar se iniciara un Bachillerato de tres años, como ocurre en el 90% de Europa. Tal y como se ha diseñado, un alumno que no curse biología o física puede ir al bachillerato científico y quien no curse latín puede ir al humanístico, lo que obligará a repetir al menos parte del temario en 1º de Bachillerato. Una pérdida de tiempo. Lo lógico hubiera sido ligar las materias a la modalidad de bachillerato elegido.

El capítulo mejor logrado de la LOMCE es el segundo grupo de medidas, que tiene por objetivo el fomento de la empleabilidad. En 2º de ESO, los alumnos que ya hayan repetido dos veces (con tres asignaturas suspensas o dos, si éstas son Matemáticas y Lengua) podrán pasar a la nueva FP Básica (los PCPI actuales). La FP básica será una alternativa de dos años a la ESO en la que los estudiantes que van peor aprenden los rudimentos de un oficio, logrando un certificado de profesionalidad del Ministerio de Trabajo. Los alumnos que aprueben estos cursos tendrán acceso directo a la FP de grado medio y podrán presentarse a la reválida de la ESO para obtener el título obligatorio, aunque es una posibilidad que parece ilusoria. También se adelantan a 2º de la ESO los programas de atención a los estudiantes con problemas de aprendizaje (los actuales Programas de Diversificación Curricular o “Diver”) que se hacen en 3º y 4º de ESO. Al adelantar la entrada en estos programas se reduce el riesgo de que parte de los alumnos renuncie a la titulación, como ocurre ahora, y/o que pierdan un año completo intentando aprobar 3º de la ESO, cuando no tienen el interés o la capacidad para hacerlo. Un acierto.

El tercer grupo de medidas propone un mayor énfasis en las materias prioritarias. Existe amplia evidencia de que las horas lectivas son importantes para el rendimiento, pero más allá de asegurar el control del Estado sobre el contenido de las materias troncales la LOMCE solo indica que al menos el 50% de los horas lectivas se dedicarán a estas materias, dejando para el reglamento posterior la concreción del número de horas lectivas de cada materia. Con ese porcentaje, si nos quedamos en el mínimo podemos incluso reducir las horas lectivas en algunas materias, así que en ese aspecto la LOMCE dista de solucionar el problema. El futuro desarrollo de la ley determinará hasta qué punto pierden unas asignaturas y ganan otras, y si se reduce el excesivo número de materias y horas lectivas en asignaturas “marías” en beneficio de las troncales, como parece lógico.

El cuarto grupo introduce la evaluación externa a los estudiantes al final de cada etapa educativa: primaria, ESO y bachillerato. Las dos últimas serán reválidas (el estudiante debe aprobarlas para seguir estudiando), pero la de primaria no lo será. En este caso, los resultados servirán para orientar y el examen será controlado por las CC.AA., igual que otra prueba que deben hacer los centros en 3º de primaria, con ocho años. Los que habiendo aprobado 2º de bachillerato no pasen la reválida, podrán acceder a la FP de grado superior. La evaluación externa es otro acierto, pues sin ella no se puede diagnosticar correctamente, y existe amplia evidencia de que es efectiva para mejorar el nivel educativo.

El quinto bloque de medidas tiene que ver con la autonomía de los centros. Se permite la especialización curricular del centro y su autonomía. Se promueve la especialización de los centros en áreas (por ejemplo, la vía hacia la FP o al bachillerato en la ESO) o en planes de mejora de la calidad (los centros que los impartan podrán tener fondos extra). Se reduce la capacidad de decisión de los padres y profesores para elegir entre los aspirantes a director, pesando más la administración, y los directores podrán exigir perfiles para los profesores que vayan a su centro para proyectos de calidad. En la selección de los directores, además de pasar por una certificación de competencia a escala nacional, se tendrán en cuenta los resultados previos en otros cargos similares, y en su reelección serán determinantes los resultados de las reválidas realizadas a los alumnos durante su mandato. Creo que la especialización y la autonomía nos pueden conducir tanto a una mejora relevante de los resultados académicos como a una politización encubierta de la educación, seleccionando a los directores en función del clientelismo político. Habrá que ver si la práctica se encamina hacia un lado o el otro.

Es sexto aspecto hace referencia a lo que no se incluye en la LOMCE: la selección y promoción del profesorado. Se entienden las dificultades para cambiar las condiciones de trabajo del profesorado, pero en la educación el factor de producción dominante es el trabajo docente y de momento la eficiencia pasa por tener mejores docentes, por lo que su selección y motivación son fundamentales. Todo ello queda fuera de la ley.

Es decir, dos de seis asuntos bien resueltos (empleabilidad y evaluación), uno que se queda a medias (itinerarios), otro que habrá que ver cómo funciona en la práctica (especialización y autonomía de los centros), y dos aspectos en los que ni siquiera se ha entrado (horas lectivas y profesorado). Lo dicho, una reforma a medias.