¿Por qué caen las bolsas?

Artículo publicado por José Alberto León Alonso en El Día el 20/12/15.

El Ibex 35 encadenó el pasado lunes diez días en negativo, la peor racha de su historia, y muchos se preguntan a qué es debido, si la economía ha mejorado sustancialmente durante el último año y nos encaminamos hacia la salida de la crisis. La respuesta a esa pregunta se condensa en una sola palabra, pero la explicación es compleja y no tan sucinta. La palabra es MIEDO, y la explicación está relacionada con las numerosas burbujas que se han generado en la economía internacional tras el estallido de la crisis. 

La reacción de las autoridades ante el estallido de la burbuja financiera en 2008, “regando” los mercados con dinero barato y abundante con el que algo había que hacer, ha asentado los cimientos para otras nuevas burbujas que corren riesgo de explotar. La crisis bursátil no es exclusiva de España, pues se está dando con mayor o menor dureza en todos los países. La explicación a esta mala racha está en la alta volatilidad de los mercados, que ha repuntado desde la primavera hasta situarse en la mayoría de activos por encima de las medias históricas. Los mercados llevaban tiempo aguardando la posible subida de tipos de interés de la Reserva Federal de Estados Unidos, que indique que los tiempos de dinero abundante y barato están próximos a su fin, y a la incertidumbre que este hecho genera se ha unido el desplome de los precios del petróleo y sus pésimas expectativas de futuro. En España, por otro lado, la incertidumbre sobre el resultado de las elecciones y la gobernabilidad del país añade aún más incertidumbre a los posibles inversores, que aplazan sus decisiones de inversión o, directamente, escapan de nuestra bolsa por si acaso.

De todos estos elementos el más acuciante hoy parece la caída del precio del petróleo, que desde hace semanas no parece tener fin, y que se ha intensificado tras la última reunión de la OPEP, donde no hubo acuerdo para reducir la producción. El precio del crudo se encuentra en los mínimos de 2008 y el mercado prevé nuevas caídas y las anticipa. Un petróleo barato, si bien en principio favorece a los países consumidores como España, perjudica enormemente a los países productores emergentes, a las empresas petroleras y, especialmente, a los nuevos operadores de fracturación hidráulica o fracking estadounidenses, cuya tecnología no les permite obtener rentabilidad a bajos precios. Esto puede suponer la quiebra de países y empresas que se dedican a producir energía u otro tipo de materias primas con precios muy bajos. Los operadores de fracking han financiado buena parte de sus inversiones cuando el petróleo estaba caro con bonos corporativos de alta rentabilidad y riesgo. Y La cotización de estos bonos, que el mercado denomina “bonos basura” por su escasa garantía, se ha desplomado en las últimas semanas y actualmente son casi ilíquidos. No encuentran comprador a casi ningún precio, y algunos fondos de alto riesgo que invertían en ellos están experimentando dificultades para reembolsar a sus propios inversores cuando desean salirse de este mercado. Así, al menos dos de estos fondos han suspendido en Estados Unidos los reembolsos de participaciones, lo que inquieta sobremanera a los mercados que comienzan a atisbar, otra vez, lo que podría ser un pánico financiero si los inversores deciden abandonar en masa las compañías más endeudadas para refugiarse en las que cuentan con efectivo. 

Aunque el tamaño de este mercado y de las firmas que invierten en él es reducido en comparación con el mercado total de deuda y, por lo tanto, no tiene capacidad por sí mismo para provocar problemas a gran escala, la existencia de una gigantesca burbuja especulativa en el mercado de deuda soberana, este sí gigantesco, es lo que genera miedo. Esta burbuja en el mercado de deuda soberana hace que por ejemplo, España, Suiza o Francia cobren dinero por recibir dinero prestado a un año. Los Estados están cada vez están más endeudados y, sin embargo, el coste del endeudamiento es cada vez más bajo, y un escalofrío recorre el espinazo de muchos cuando el “rebaño” de los inversores comienza a experimentar un gran nerviosismo. En una manada de reses sedientas y, por lo tanto, inquietas, cualquier pequeño sobresalto puede provocar una estampida. Y si esta se encamina hacia el mercado de deuda soberana, aviados estamos.

La laxitud monetaria que dominó durante los últimos ocho años en Estados Unidos alimentó que el dinero de los inversores se fuera hacia bonos de muy pobre calidad pese a su elevado riesgo, esto es, bonos basura de empresas y países emergentes. La persistencia del bajo precio de la energía, en paralelo, está poniendo en serias dificultades a países y compañías productoras de petróleo que tienen dificultades para financiar la deuda pasada. De que los mismos bancos centrales que generaron esta burbuja especulativa sean capaces de controlar al inquieto rebaño de inversores dependerá que no se produzcan estampidas, así que se imponen los movimientos pausados y las llamadas a la calma. Nos adentramos en territorio desconocido pues nunca se había inyectado tanto dinero y tan barato en la economía, y no se puede aprender de los errores del pasado para terminar con la excepcional situación de tipos de interés próximos a cero. Las declaraciones de la Presidenta de la Reserva Federal declarando su confianza en la solidez de la economía y que la “vuelta a la normalidad monetaria” será gradual, es en este sentido un paso en la buena dirección. No se nos vaya a alborotar el ganado. De momento está muy inquieto, tal y como demuestran las caídas en las bolsas.