Las peores entre las mediocres

Artículo publicado por José Alberto León Alonso en El Día el 15/05/16.

Esta semana se han publicado los Rankings ISSUE (Indicadores Sintéticos del Sistema Universitario Español) correspondientes al año 2016. Estos rankings tienen como objetivo generar clasificaciones de las universidades españolas a partir de conjuntos de información amplios, que contemplan las tres principales dimensiones de sus actividades: docencia, investigación e innovación y desarrollo tecnológico. La metodología ISSUE es rigurosa y está alineada con las recomendaciones de los informes internacionales recientes sobre esta materia. Los rankings han sido construidos a partir de un conjunto de variables que tienen en cuenta las distintas misiones de las universidades: docencia, investigación, desarrollo tecnológico e innovación. 

El ranking de universidades muestra diferencias significativas de rendimiento en las universidades españolas, pues las más productivas doblan los resultados de las situadas en las últimas posiciones. Como ejemplo, la primera universidad en ranking triplica el rendimiento de la última. Y esto en un contexto que sitúa en general nuestro sistema universitario dentro de los mediocres a escala internacional. Así, el ranking por antonomasia de universidades, el de Shanghái, coloca a una sola universidad española entre las 200 mejores del mundo, y únicamente a trece entre las 500 mejores. Estos datos se mencionan con frecuencia como prueba de la limitada calidad y escasa proyección internacional de nuestro sistema universitario.

Dentro de la mediocridad general en el rendimiento y la calidad de la universidad española, es conveniente saber qué lugar ocupan las universidades canarias. Dado que el Gobierno de Canarias destinará durante 2016 nada menos que 212 millones de euros a financiar la enseñanza universitaria en nuestro archipiélago, es importante averiguar el retorno que esa inversión anual produce para nuestra sociedad, de la que se financia. ¿Cuál es el rendimiento de nuestras universidades tanto en general, como en docencia, investigación y desarrollo tecnológico e innovación?

En lo que respecta al rendimiento general empezamos mal, pues en las dos universidades canarias es un 20% inferior a la media y la mitad de la mejor universidad española (la Pompeu Fabra). No son las peores, pero casi. Solo seis universidades obtienen un peor rendimiento en España, y de ellas cinco son privadas y la otra (UNED) a distancia. Así que se puede concluir que las canarias son las peores universidades públicas presenciales de España. Todo un logro. 

Respecto a la docencia nuestro rendimiento es “solo” un 10% inferior a la media y ya no son las peores universidades públicas presenciales de España. Por detrás, con un rendimiento docente un 20% inferior a la media, están las Universidades de La Coruña, Burgos, Castilla-La Mancha, Extremadura y La Rioja. La manía de crear universidades en casi cada provincia parece estar detrás de los penosos resultados de estas universidades. Que La Rioja, con apenas trescientos mil habitantes y sin población suficiente para sostener una educación universitaria de calidad, haya creado su propia universidad es un ejemplo paradigmático de que los españoles parecemos preferir la mediocridad cercana a la excelencia.

En investigación el rendimiento de la Universidad de La Laguna (ULL) está en la media (menos mal), mientras que el de la Universidad de Las Palmas (ULPGC) está un 20% por debajo de la media, lo que la lleva, de nuevo, al peor puesto entre las universidades públicas presenciales de España.

Finalmente en desarrollo tecnológico e innovación, los resultados son verdaderamente desastrosos. El rendimiento de la ULPGC es un 60% inferior a la media y el de la ULL un 70% peor. La Universidad de La Laguna ostenta la condición de “farolillo rojo” en este aspecto entre las universidades públicas y privadas, presenciales y no presenciales. No hay otra universidad peor, ni siquiera igual de mala, en toda España. El desarrollo tecnológico e innovación mide el retorno hacia la sociedad en forma de I+D+i. Para ello utiliza datos de ingresos por licencias, contratos de asesoramiento y formación continua; número de patentes, patentes comercializadas, patentes triádicas (internacionales) e ingresos por contratos internacionales. Se trata de un indicador bastante sólido que muestra que ese retorno social, simplemente, no existe. Si tenemos en cuenta que la I+D+i canaria descansa de forma fundamental y casi exclusiva en nuestras universidades, ya sabemos por qué nuestro archipiélago cierra todas las estadísticas españolas en innovación y desarrollo tecnológico. Así nunca progresaremos en la sociedad de la innovación y el conocimiento. 

Las diferencias en productividad de las universidades se aprecian también a nivel regional. Cataluña, Cantabria, Comunidad Valenciana, Navarra, Baleares y Madrid son las comunidades que cuentan con sistemas universitarios más productivos, con niveles medios superiores al del conjunto de España. Extremadura, La Rioja y Canarias cuentan con los peores sistemas universitarios de España. Lo peor es que en el último año Extremadura y La Rioja han mejorado, mientras que Canarias conserva estable su bajo rendimiento en ese furgón de cola.

Dado que no parece existir ni el menor atisbo de reacción en las propias universidades canarias respecto a estos pésimos resultados, habrá que preguntarse si no deberían nuestras autoridades tomar cartas en el asunto. Más de doscientos millones de euros al año del contribuyente (mal)gastados lo demandan. ¿Qué tal una financiación ligada a resultados? ¿Qué tal no financiar grados con pocos alumnos? ¿No convendría analizar si nuestro modelo de dos universidades plenas es erróneo? ¿Qué tal una especialización de cada una en lo que mejor haga? Después de todo, la excelencia depende al menos en parte de seleccionar a los mejores para cada tarea. De otro modo, seguiremos como hasta ahora, con las peores universidades del ya mediocre sistema universitario español.