2014, UNOS PRESUPUESTOS DE TRANSICIÓN

Artículo publicado en Diario de Avisos por José Alberto León Alonso el 6/10/13.

El Gobierno ha presentado el proyecto de Presupuestos Generales del Estado para 2014. Los Presupuestos se consideran la ley más importante que un gobierno promulga en un año y determinan su política en la mayor parte de los ámbitos. Lo habitual cada vez que se presentan, sean del gobierno que sean, es que se alcen voces calificándolos de poco creíbles y de difícil cumplimiento. No ocurre así esta vez. Estos Presupuestos son tan creíbles y realistas como poco estimulantes.

Las cuentas públicas seguirán siendo austeras, pero no alcanzarán el grado de severidad de otros ejercicios debido a la intensidad de las medidas de ahorro llevadas a cabo en estos últimos años y a la prórroga de dos años concedida por Bruselas para alcanzar los objetivos de déficit. Se trata de unos Presupuestos de transición sin grandes alegrías ni tristezas, preparando el terreno para el gran derroche de 2015, año de elecciones locales, autonómicas y generales, donde es probable que se desande todo lo andado, que ya apechugará el que venga (es decir, el contribuyente) con el coste de los fastos.

Los Presupuestos pretenden cumplir con el nivel de déficit público fijado por Bruselas para 2014 (5,8% del PIB) sin lastrar la incipiente recuperación económica. Aún no se sabe cómo finalizará el déficit público en 2013, pero viendo el grado de ejecución de ingresos y gastos hasta la fecha parece que, una vez más, incumpliremos con el objetivo fijado. No es nada nuevo. Los Presupuestos, al menos en España, son solo una declaración de intenciones que acaban por incumplirse siempre. Los desfases más notables se produjeron en la anterior legislatura. En 2009 se pasó de un déficit previsto del 2% del PIB a acabar por encima del 11%, y en 2011 se presupuestó un desfase del 6% y la liquidación final arrojó un 9% de déficit. Pero tampoco el nuevo Gobierno cumple sus propias previsiones. En 2012 pronosticó un déficit del 5,3% y se superó el 6,8%, y en 2013 se preveía un déficit del 4,5%, y probablemente también rebasaremos el nuevo objetivo pactado después con Bruselas (un 6,5%).

Las cuentas públicas del 2014 son herederas de las de los años anteriores, y se benefician de los laboriosos esfuerzos realizados en ellas, reduciendo gastos e incrementando impuestos para alejar a la economía española del borde de la bancarrota en el que se encontraba. Reducir el déficit desde el 6,5% del PIB de 2013 a un 5,8% en 2014 supone apenas 7.000 millones de euros. Nada comparable con los 40.000 millones de ajuste de los dos últimos años. La estimación de crecimiento de la economía (0,7%) es fácilmente asequible. Nuestras propias estimaciones prevén un crecimiento del PIB del 1,0% o superior, dependiendo de cómo termine este año, que pinta bien. Con un crecimiento superior a lo previsto, la recaudación de impuestos debería ser superior también a lo previsto, lo que facilitará el cumplimiento de las cifras aunque se produzcan excesos en el gasto.

Respecto a los ingresos, el Presupuesto Consolidado prevé una reducción del 0,7% en los impuestos directos, prorrogando las subidas fiscales del IRPF, inicialmente limitadas a los ejercicios 2012 y 2013; una caída del 13,4% de los impuestos indirectos e incrementos en las transferencias corrientes recibidas y en los ingresos patrimoniales. Sin tener en cuenta las operaciones financieras, los ingresos consolidados caerán en unos 3.000 millones de euros (-1,1%). Previsiones muy prudentes y realistas, pues.

En cuanto a los gastos, el de personal permanece prácticamente estancado (-0,5%) debido a la políticas de reposición del 10% de las bajas y no revalorización de los sueldos públicos, mientras las transferencias crecen casi 6.000 millones de euros (2,6%). Las inversiones reales caen 500 millones de euros (-9,8%), pero las transferencias de capital, es decir, las subvenciones del Estado a otros organismos públicos o entidades privadas con el fin de financiar las inversiones y operaciones de capital fijo del beneficiario, crecen en 1.750 millones de euros (20,9%), aunque 1.232 millones se deben al déficit de tarifa eléctrico. En conjunto las operaciones de capital crecen un 9,0%, aunque si se elimina el incremento de los costes de la energía en la práctica permanecen estables.

El 55% de los gastos (193.801 millones de euros) se destinan al pago de las pensiones, las prestaciones por desempleo y el pago de los intereses de la deuda pública. Pese a prever únicamente un incremento del 0,25% de las pensiones públicas, las contributivas aumentarán en casi 6.000 millones de euros en 2014 (5,4%), aunque la reducción de los gastos por bajas laborales y atención a la dependencia (- 1.000 millones de euros en casa caso) y otros ahorros menores lograrán que los gastos de la Seguridad Social se incrementen en “solo” 3.600 millones de euros (3,0%). El déficit de la Seguridad Social, que finalizará el año 2013 en alrededor de 18.000 millones de euros, ascenderá en 2014  a nada menos que 25.000 millones de euros, pues se prevé una reducción en la recaudación de cotizaciones sociales de más de 3.000 millones de euros y caídas menos significativas en tasas e ingresos patrimoniales. 13.000 millones de euros de ese déficit será cubierto por el Estado (que se endeudará con cargo a las siguientes generaciones a tal fin) y 12.000 millones por la “hucha” de las pensiones, que sigue menguando. Todavía hay quien duda de la insostenibilidad de nuestro actual sistema de pensiones, pero los números cantan. De no mediar una reforma sustancial, y la propuesta por el Gobierno me temo que volverá a quedarse corta, cuando la generación del “baby boom” nacida entre 1960 y 1974, que actualmente sostiene a duras penas el sistema de pensiones con sus cotizaciones, pretenda acceder a la jubilación verá como la dejan con un palmo de narices. En 2043 el 34% de la población tendrá más de 65 años, frente al 17% actual. El doble. Pura matemática.

En definitiva, los traumáticos ajustes de 2012 y 2013 han recuperado la solvencia del Estado y logrado una financiación de nuestro déficit por ahora soportable. El escenario para la recuperación del consumo y la inversión está recompuesto, pero estos Presupuestos no hacen gran cosa para lograrlo, sino que se dejan llevar. Se echa de menos un mayor ajuste del gasto improductivo con el fin de lograr un margen para bajar los impuestos y apoyar la incipiente recuperación, antes de que los gastos electoralistas de 2015 se lleven todo nuestro esfuerzo por delante.

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